CONJUNTO HABITACIONAL DE EMPLEADOS Y OBREROS DE LA EX - FÁBRICA DE SOMBREROS CINTOLESI: PASAJE CINTOLESI
La presente reseña histórica fue construida en base a un proceso de puesta en valor de diversas poblaciones y conjuntos habitacionales nacidos al alero de algunas importantes industrias, siendo parte de la asistencia técnica de nombre “Catastro de Tipologías Industriales en la comuna de Quinta Normal”. Por lo que su línea argumentativa tiene que ver con las historias de las problemáticas y soluciones habitacionales de los empleados y obreros de la Fábrica de Sombreros Cintolesi en el Pasaje Cintolesi.
Durante la segunda mitad del siglo XIX y mediados del siglo XX se desarrollaron procesos de emigración masiva de europeos hacia ultramar producto de las precarias condiciones de vida y la necesidad de mejores oportunidades laborales. En este contexto, el continente americano destacó como un sitio de amplio interés para los europeos en vista de su naciente actividad comercial y consecuente desarrollo urbano. De manera particular, cabe mencionar el caso de la inmigración italiana en Latinoamérica, la cual si bien no fue de las oleadas de mayor masividad, sí tuvieron una potente influencia en las transformaciones económicas y culturales del continente. Chile no quedó exento de este fenómeno migratorio, ya que entre 1880 y 1930 recibió a más de diez mil italianos en un proceso de inmigración libre y espontáneo de, principalmente, hombres jóvenes y solteros, en edades laboralmente activas que se radicaron a lo largo del territorio nacional, específicamente, en las zonas urbanas del país (principalmente Santiago, Valparaíso y Concepción), desempeñándose en actividades asociadas al comercio, la industria y el ejercicio de profesionales liberales, logrando integrarse cabalmente en la sociedad chilena a partir de su rol en los procesos de desarrollo económico y social, además de influenciar al país en diferentes expresiones culturales como la educación, la cocina y la arquitectura, entre otros (Biblioteca Nacional de Chile, s.f.).
A fines del siglo XIX llega a Chile la familia italiana Cintolesi Fabiani, proveniente del pequeño poblado rural de Lastra a Signa, Firenze, Italia, trayendo consigo la manufactura y comercialización del oficio centenario de su linaje y uno de los productos de más alta calidad y estilo italiano: los sombreros de fieltro de conejo y de paja. Los sombreros, como artículo de vestuario y moda, fueron ampliamente utilizados en la sociedad chilena de la primera mitad del siglo XX, transformándose en una prenda obligatoria tanto en hombres como mujeres, situación que facilitó el veloz surgimiento de al menos 19 fábricas de sombreros a lo largo de todo el país.
Sombrero de fieltro de conejo fabricado por Manufacturas Cintolesi S.A.C.

Fuente: Archivo personal residentes Pasaje Cintolesi.
En 1898 don Emilio Cintolesi Fabiani, funda la Fábrica de Sombreros de Paja Cintolesi en la calle García Reyes, ciudad de Valparaíso, la cual crece sostenidamente hasta tener más de 300 obreros/as y empleados/as, lo que con el paso de los años da paso a la creación de otras tres fábricas a cargo de dos de sus hermanos recientemente arribados a Chile en 1903: don Brunetto Cintolesi Fabiani y don Tulio Cintolesi Fabiani. De esta manera, don Emilio Cintolesi junto a sus hermanos forman la sociedad llamada “Emilio Cintolesi y Cía Ltda.”, instaurando el legado italiano de la manufactura, comercialización y uso de los sombreros de manera extensa en Chile.
Fotografía de Emilio Cintolesi Fabiani, fundador de la Fábrica de Sombreros Cintolesi en la comuna de Quinta Normal. 1902.
Fuente: https://www.familysearch.org/tree/person/about/G34W-4MF
A inicios del siglo XX, don Emilio Cintolesi decide liquidar la primera empresa formada en Valparaíso para trasladarse a la Región Metropolitana, específicamente a la entonces denominada comuna de Barrancas, debido a su atractivo como polo estratégico de crecimiento urbano, comercial e industrial en la capital (Italianos en Chile, s.f.). Al respecto, cabe mencionar que en el incipiente siglo XX los habitantes de las comunas de Barrancas, Yungay y Quinta Normal se encontraban en una transformación de sus actividades laborales desde la producción agrícola en chacras y comercialización a baja escala hacia el desarrollo de una mano de obra calificada producto del desarrollo de oficios artesanales, tales como el vidrio, cuero y madera. Lo anterior, propició una modificación en los usos de suelo de la comuna que generó la venta masiva de chacras a bajo costo, lo cual sumado a la ubicación privilegiada producto de la cercanía con los mercados y el acceso a vías de transporte, como por ejemplo el Ferrocarril de Circunvalación de Santiago que se emplazó en la comuna a través de la Estación Yungay, posicionó a la comuna en un nicho ideal para la inversión de capitales de un incipiente empresariado industrial, generando así el establecimiento y puesta en marcha de diversas industrias de tamaño pequeño y mediano que se desarrollaron exponencialmente en la primera mitad del siglo XX, marcando una identidad artesanal e industrial a nivel comunal.
Plano de ubicación de las principales fábricas de la ex comuna de Yungay en 1926.
Fuente: Municipalidad de Quinta Normal, 2016.
En 1908 la empresa de los hermanos Emilio, Gino, Tulio, y Pergentte Cintolesi compra los terrenos ubicados en la calle Augusto Matte emplazada en la Población Villasana, para luego fundar la “Fábrica de Sombreros Cintolesi Hnos. Cía. Ltda.” la cual fue instalada por dos técnicos uruguayos especialmente seleccionados para estos fines. De esta manera, en el año 1916 la fábrica ya contaba con una planta de 150 obreros, para luego en 1926 alcanzar una producción de 50.000 docenas de sombreros de pelo, lana y paja y, unos años más tarde, en el año 1929 la fábrica alcanza su pico de producción con 60.000 docenas de sombreros (Municipalidad de Quinta Normal, 2016). Para el año 1927, la Fábrica de Sombreros Cintolesi llegó a emplear a más de 400 trabajadores entre mujeres y hombres, divididos en 15 secciones laborales, con un alto nivel de especialización, transformándose en una de las fábricas de sombreros más grandes del país y una de las más importantes en Sudamérica, logrando exportar sus productos a nivel internacional. Cabe mencionar que si bien la Fábrica de Sombreros Cintolesi tuvo un crecimiento comercial e industrial bastante amplio, no fue la única fábrica de sombreros con tales características. Ejemplo de ello, es la existencia de la Fábrica de Sombreros Girardi que albergó a más de 500 trabajadores y trabajadoras a mediados del siglo XX, logrando superar los periodos de crisis económica industrial cerrando sus puertas recién en el año 2011.
Vista actual de la fachada de Ex Fábrica de Sombreros Cintolesi.
Fuente: SECPLAN, Municipalidad de Quinta Normal, 2023.
Anuario General de Chile. Publicidad de la Fábrica Nacional de Sombreros “Emilio Cintolesi & Cía” Santiago. Año 1918.
Fuente: Italianos en Chile, s.f.
Luego de la muerte de don Emilio Cintolesi en el año 1932, la administración de la industria de sombreros en Quinta Normal fue heredada a sus hermanos, cambiando su nombre a “Cintolesi Hnos.”, destacando como representantes legales don Gino Cintolesi Fabiani y don Pergentte Cintolesi Fabiani, y más adelante en 1939, el hijo de don Gino Cintolesi, don Tullio Cintolesi Galli. En paralelo al funcionamiento de la sede en Quinta Normal, las otras fábricas de sombreros de la familia Cintolesi continuaron su fortalecimiento y crecimiento sostenido durante el siglo XX a cargo de los hermanos Brunetto Cintolesi y Tulio Cintolesi, además de un primo del clan italiano llamado Florido Cintolesi, lo que posicionó a la familia dentro del rubro de la manufactura y comercialización de sombreros de fieltro de conejo y paja en los procesos de industrialización de Chile.
Ex Fábrica de Sombreros Cintolesi. 1928.
Fuente: Pizzi, 2009.
En el año 1934, los hermanos Cintolesi convocan a Chile al italiano don Vittorio Trambetta, el principal técnico de la famosa Fábrica de Sombreros italianos “Borsalino”, con la finalidad de mejorar la producción de sus sombreros a partir de la implementación de nuevas tecnologías que superen en calidad y terminación a la empresa competidora de la época, la Fábrica de Sombreros Girardi. Así, se incorpora un nuevo modelo de sombrero que se convertiría en la estrella de la fábrica Cintolesi: el sombrero “Borsalino”. En línea con estas transformaciones, en 1940, la Fábrica de Sombreros Cintolesi cambia sus sistemas de calderas de carbón por quemadores de petróleo y, posteriormente, en 1942, la empresa se transforma en “Sociedad Anónima”, fortaleciendo aún más su legado.
Transformadores en Fábrica de Sombreros Cintolesi. Transformador de 55 Kw. N°3897a. Archivo de Compañía Chilena de Electricidad Ltda. Santiago de Chile 4 de septiembre de 1925.
Fuente: https://www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/visor/BND:554182
Cabe mencionar que la empresa de don Emilio Cintolesi tuvo distintas razones sociales a lo largo del siglo XX (“Cintolesi Hnos.”, Emilio Cintolesi & Cía.”, “Fábrica de Sombreros Cintolesi Hnos Cía.”, entre otros), para luego en 1942 instaurar su denominación social definitiva al de una Sociedad Anónima: “Manufacturas Cintolesi S.A.C”, denominación con la cual más adelante, en el año 1950, iniciarán la construcción de las viviendas sociales para algunos de sus empleados y obreros. Resulta paradójico evidenciar que si bien en 1950 comenzó la construcción de las viviendas sociales para sus trabajadores, en ese mismo año comenzó el declive de la fábrica, debido a la drástica disminución de sus ventas.
Publicidad Sombreros Cintolesi. Empresa de Brunetto Cintolesi. Diario “La Nación”. 10 de septiembre de 1921. Santiago de Chile.
Fuente: https://www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/colecciones/BND/00/PE/PE0001147_1692.pdf
Publicidad Sombreros Cintolesi. Empresa de Brunetto Cintolesi. Revista “Juventud” Año III. Nº17. Federación de Estudiantes de Chile. Santiago. 1922.
Fuente: https://www.memoriachilena.gob.cl/archivos2/pdfs/MC0073091.pdf
Considerando que el siglo XX se caracterizó por albergar formas de producción y crecimiento económico vinculadas a las estrategias industriales denominadas por Venegas y Prudent (2011) como paternalismo industrial, se comprende el desarrollo de diversas redes por parte de la familia Cintolesi Fabiani, quienes comenzaron a resaltar progresivamente en la región por su aporte en los sectores medios emergentes, incidiendo también en términos urbanos, empresariales, sociales y políticos.
De esta manera, los hermanos Cintolesi Fabiani destacaron tanto por su participación en la Junta de Beneficencia de Yungay (fundada en 1928), así como también participaron de manera activa en el Directorio de la Sociedad de la Colonia Italiana de Santiago, sociedad que buscó financiamiento e incentivó la consolidación de diversos proyectos, entre los que destaca su participación en el área de los servicios públicos, específicamente en la instalación de plantas eléctricas que entregaron tracción, luz y corriente al barrio por un precio rebajado, generando así un aporte desarrollo urbano de la comuna de Quinta Normal, territorio que históricamente se vio rezagado frente al avance y beneficios de la urbanización metropolitana (Venegas & Prudent, 2021). En la misma línea, en 1923 don Emilio Cintolesi participó junto a algunos coterráneos en la búsqueda de financiamiento para la construcción del funicular en el Parque San Cristóbal. A continuación se observa una fotografía de la ceremonia de la primera piedra del Funicular, realizada al costado de la Plaza Caupolicán (hoy Estación Pío Nono).
Ceremonia de Primera Piedra del Funicular Cerro San Cristóbal.
Fuente: https://www.instagram.com/funicularsantiago/p/C0B_xRRuV6L/
Funicular Cerro San Cristóbal.
Fuente: https://www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/bnd/629/w3-article-612290.html
Posteriormente, en 1920, don Emilio Cintolesi (hijo) participa en la compra del Ferrocarril Yungay a Pudahuel, modificando además su funcionamiento desde vapor a tranvías a gasolina. Esta adquisición le traerá una serie de inconvenientes tanto empresarial como social que derivaron en la suspensión del servicio en 1932 y, posteriormente, en 1939, el ferrocarril Yungay- Pudahuel es estatizado y se cancela su funcionamiento, rematando todas sus vías (Venegas & Prudent, 2021).
Diario “La Nación”. 22 de agosto 1935.
Fuente: https://culturadigital.udp.cl/dev/wp-content/uploads/2019/03/LN_1935_08_22.pdf
El convoy antes de partir de Yungay al pueblo de Barrancas.
Fuente: https://www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/visor/BND:124262
Finalmente, cabe mencionar que en el año 1910 la familia Cintolesi Fabiani a través de sus hermanos don Emilio Cintolesi, don Pergentte Cintolesi y don Octavio Cintolesi, ampliaron sus horizontes sociales hacia los deportes, formando parte de la fundación del Audax Club Sportivo Italiano (actualmente conocido como Audax Italiano), nombrándolo Audax Club Ciclista Italiano, ya que la finalidad era participar de las carreras de ciclistas. Tal fue su participación que dicha fundación se realizó precisamente en una de las sedes de la Fábrica de Sombreros Cintolesi, ubicada en Puente #671 (ASIFUCH, 2020).
Primer Directorio de Audax Club Ciclista Italiano.
Fuente: ASIFUCH, s.f.
POLÍTICAS DE VIVIENDA DEL ESTADO CHILENO
La superación de las problemáticas sociales asociadas a la vivienda caracterizaron al siglo XX, lo que derivó en el desarrollo y evolución del sector público a partir de las primeras iniciativas gubernamentales en materia habitacional, fortaleciendo así una progresiva institucionalidad chilena en torno a la vivienda (Hidalgo, 2019). De esta manera, la primera legislación en la materia se promulgó en 1906: la Ley Nº1.838 de Habitaciones Obreras, siendo una política pionera en Latinoamérica que marcó el inicio de la discusión respecto a cómo debían planificarse las ciudades considerando la incorporación de los sectores obreros en las áreas urbanas.
Entre las décadas de 1910 y 1920, y en el contexto del fortalecimiento del rol estatal en la resolución de estas problemáticas, se promulgaron diversos decretos respecto a alquileres y habitación barata que posibilitaron la diversificación de soluciones en materia habitacional, que si bien apuntaban al mejoramiento en las condiciones de vivienda, no lograron solucionar la problemática basal de carencia física de éstas. A partir de la década de 1930 en el marco de la construcción de un Estado Desarrollista se dio un giro en la acción pública en materia de habitacional profundizando el rol estatal a partir de la creación progresiva de una institucionalidad en torno a la vivienda. Así, se promulgaron las “Leyes de Fomento a la Edificación Obrera” que intentaron regular aquellas situaciones de especulación en torno a la compraventa de sitios a plazos definidos junto con el arrendamiento de pisos, a la vez que buscaron propiciar de manera sostenida la construcción de nuevas viviendas populares a partir de la entrega de créditos a empresarios, campesinos y particulares.
Portada Revista “La Vivienda”, 1945
Fuente: https://www.redalyc.org/journal/196/19676326010/html/
En el año 1936 bajo el gobierno del presidente Arturo Alessandri Palma y ad portas del inicio del programa desarrollista del Frente Popular (1936-1952), se crea la Caja de Habitación Popular (Ley Nº 5.950), lo cual se tradujo en un fomento estatal hacia la edificación de nuevas viviendas para obreros a través de políticas sociales de vivienda, permitiendo la construcción directa por medio del financiamiento propio y a través de la entrega de créditos. Posteriormente, en el año 1943 bajo el gobierno del presidente Juan Antonio Ríos y consolidado el Frente Popular en el poder político chileno, se promulgó la Ley Nº 7.600, que sustituyó el texto de la Ley Nº 5.950 reformando y entregando más autonomía a la Caja de Habitación Popular, y tuvo como objetivo la construcción y fomento a la edificación de viviendas salubres y de bajo precio, huertos obreros y familiares. Al respecto, cabe mencionar que con la modificación de la ley se le entregaron mayores atribuciones financieras a la Caja de Habitación Popular, diversificando sus fuentes de financiamiento: aporte fiscal, impuestos sobre el cobre, préstamos de la propia Caja, impuesto sobre el carbón e impuestos al empresariado, entre otros.
De esta manera, gracias a la promulgación de la Ley se incorporó un impuesto tributario a las empresas industriales, lo cual dio paso a la participación del empresariado en las políticas de vivienda, debiendo entregar de manera anual el cinco por ciento de sus utilidades a la Caja de Habitación Popular direccionando así parte de sus recursos a la construcción de viviendas para sus propios trabajadores: “Artículo 16.- Las empresas industriales y mineras a que se refieren las categorías 3a. y 4a. de la Ley sobre Impuesto a la Renta, deberán entregar, anualmente, a la Caja de la Habitación, el 5% de sus utilidades. Para estos efectos, se considerarán como utilidades de las empresas aquellas que apruebe la Dirección General de Impuestos Internos para el pago del impuesto a la renta” (Ley Nº7.600, Diario Oficial de la República, Santiago de Chile, 8 de octubre de 1943).
Posteriormente, en el año 1953 se crea la Corporación de Vivienda (CORVI) que viene a fusionar la Caja de Habitación Popular y la Corporación de Reconstrucción y Auxilio, con la finalidad de activar un plan de viviendas a nivel nacional que pudiese entregar soluciones integrales a partir de una coordinación de acciones entre las distintas entidades. Cabe mencionar que si bien esto fue una política estatal, se le concedieron diversos incentivos económicos a las empresas constructoras para asegurar su colaboración en el proceso, a la vez que no todas las empresas se sumaron a la iniciativa.
Considerando lo anterior, es interesante entender que la Fábrica de Sombreros Cintolesi se ubicó de manera estratégica al interior de la comuna de Quinta Normal, albergando su dirección en la manzana de Augusto Matte #1888 (a ocho cuadras de la ex-Estación Ferroviaria Yungay y a tres cuadras de la Av. Carrascal), es decir, una zona que por sus características históricas y de crecimiento urbano sentó las bases para la construcción urbana de la comuna, generando al mismo tiempo una coexistencia y sinergia entre los usos de terrenos industriales y residenciales a través de la orientación industrial de ciertas viviendas que fueron construidas para empleados y obreros de las industrias aledañas, así como también marcando fuertemente la identidad obrera y fabril de los habitantes de Quinta Normal hasta la actualidad (Oropesa, 2007). Esta estrategia de construcción de barrios obreros se comprende bajo las lógicas del paternalismo industrial, que busca el control de los/as trabajadores/as y sus pautas socioculturales para así generar identidad, compromiso y lealtad hacia los dueños de las fábricas (Venegas, 2018).
Vista aérea de Fábrica de Sombreros Cintolesi y Pasaje Cintolesi
Fuente: SECPLAN, Municipalidad de Quinta Normal, 2024.
En este contexto, la sociedad “Manufacturas Cintolesi S.A.C.” adoptó las medidas habitacionales de la época al generar un aporte del cinco por ciento de sus utilidades a la Caja de Habitación Popular, lo que posibilitó el desarrollo de soluciones habitacionales para 6 de sus trabajadores industriales en terrenos de “Manufacturas Cintolesi S.A.C.” ubicados en Quinta Normal. Según el documento que data de fines de 1956 sobre el acuerdo entre Manufacturas Cintolesi S.A.C y la Corporación de la Vivienda respecto a la imputación de los pagos del impuesto del 5% respecto al valor de las propiedades construidas con financiamiento de la empresa, se evidencia que el proyecto de construcción de las viviendas del Pasaje Cintolesi data del 7 de abril de 1953, lo cual coincide con los relatos de las hijas de los trabajadores de la fábrica quienes sostienen que la construcción de las viviendas comenzó a inicios de 1950 y, luego en 1957 fue el asentamiento de las familias, existiendo algunos cambios de domicilio entre las mismas.
Texto del acuerdo de la Corporación de la Vivienda (CORVI) y Manufacturas Cintolesi
Fuente: Archivo personal residentes Pasaje Cintolesi.